miércoles, 9 de marzo de 2016

CUENTO: MI MADRE ALCOHOLICA. PARTE 9

                      MI MADRE ALCOHÓLICA 
                      
                                 PARTE 9 

                                                                                  De: Jorge Godoy

      ver la parte 8                                               


         Las cosas no progresaban. Al regresar Juan a la ciudad de inmediato fue a ver a María, la encontró desvalida y rendida ante montones de botellas vacías que había en cada rincón de la casa. " ¿Como anduviste? " Le pregunto el, cuando ella le abrió la puerta para que entrara, no le contesto, lo dejo pasar y solo atino a levantar la mano y de su boca se oyó un pálido y desganado " Hola". Luego de que con su vista recorriera el interior de la casa, Juan, empalideció y se quedo helado y mudo. Había botellas por todos lados, apoyadas contra la pared, tiradas por el piso y en los rincones. No era lo que el había esperado, si bien no tenia muchas esperanzas de que ella pudiera mejorar por lo menos en algo su vida, contaba aun con una fuerza adentro que todavía le permitía quedarse al menos con una mínima ilusión, invalida, por supuesto, pero ilusión al fin. 

      La casa por dentro estaba desaseada, en los pisos pudo notar que en todo el tiempo en que el no estuvo, la escoba, ni se había movido de su lugar, las telarañas en los marcos de las ventanas eran parte de la decoración. Al pasar vio su sofá, donde dormía, todo sucio, manchado, probablemente con manchas de vino. Pudo ver la cama adonde ella dormía totalmente desarreglada, sin las sabanas, las busco con la mirada y las encontró hechas un par de bollos en uno de los rincones de su habitación. María lo invito a sentarse a la mesa para charlar, y allí pudo observar con detenimiento que ella andaba con la cara sucia, con los cabellos enredados, parados, como saben lucir casi todos los borrachos, mas cuando se levantan de dormir. Hablaron un poco de como iban las cosas en el campo y otro poco de como le iba a ella aquí en la ciudad. Nada novedoso. Después de un momento ella arremetió diciendo que ya era la hora de ir a trabajar. Se levanto, le pidió a Juan si quería acompañarla. Juan accedió. 

      Iba el por detrás de ella, sin dejar de mirarle con pena la ropa desarreglada y sucia que llevaba puesta y, mientras ella salia, Juan giro su cara para mirar, para asegurarse si un poco mas allá, en la pieza, todavía seguía ese pequeño altar improvisado adonde ella rendía homenajes a su madre. "Que mas" "que mas", pensó el en voz alta, con rabia, con odio, "que mas podía seguir pidiéndole esa madre sinvergüenza desde la imaginación de ella, pobre diabla que en la vida lo único que había aprendido fue a obedecerla y encima aun, todavía, lo hacia desde el infierno". Si por lo menos todo eso fuera verdad, pensó, se quedaría allí firme durante toda la noche para preguntarle porque en vez de destruir a su hija, no la ayudaba. Porque no tenia piedad con alguien que trajo al mundo solo para hacerla sufrir, solo para pagar el precio de su infelicidad y porque no la dejaba tranquila y se retiraba de una buena vez de la vida de ella y de la vida de el.


         María tomo el carrito de siempre, el que le habían regalado en el supermercado y abrió la puerta para salir a la calle. El la acompañaba. La nochecita de primavera era agradable, el llevaba puesto solo una camisa desabrochada sobre una remera delgada de algodón. Ella, por el contrario, iba arropada, como suelen ir los de su clase, pareciendo ser que nunca tienen calor. Unas zapatillas rotas y sin medias, las botamangas ajironadas, deshilachadas, permitían con facilidad ver de los pies, la impregnada costra sobre la piel. 

        Cuadra y media y detuvo su andar y empezó con el primer montón de cartones, a juntarlo y apretarlo lo que mas podía adentro del carrito para que ocupara menos espacio, Juan ayudo. María saludo a cuanto linyera cruzaron en el camino, Juan hizo lo mismo. Y María sonreía, disfrutaba de su trabajo, de su paseo nocturno, lucia como un pez en el agua, era feliz, entonces Juan se preguntaba si era realmente necesario ayudarla o realmente al que había que ayudar era a el. 

       Ya en casa, una segunda botella de vino y una tercera, se abría delante del y el,  apenas sorbía de a poco, con obligación, acompañando, a ese ritual dañino y destructor. El sueño comenzó a pesar, sacudió el polvo del sofá, dio vuelta los almohadones, se desacordono los zapatos, se los saco, se saco la camisa.  Miro a María y le dijo "buenas noches". Se fue a acostar cansado, se quedo fijo mirando el techo despintado queriéndolo atravesar con la vista para llegar hasta el cielo, para rogar a Dios que le contestara, como y de que forma debía seguir. Y preguntarle porque si a María que estaba en el otro cuarto prendiendo una vela y predispuesta  a conversar con su madre, la que le respondía a cada pregunta, porque a el, aunque solo fuera por un único momento, un ángel del cielo, o Jesús mismo, o María, nunca le contestaban.


         Al día siguiente, se ordeno para diligenciarse hasta la dirección adonde el cura amigo del campo lo envió. María seguía dormida, en su mundo, tal como era su costumbre. Así que, se vistió, salio a la calle, despacio sin hacer mucho ruido y se fue. Conocía bastante la ciudad, eso ayudo y no le fue difícil encontrar la dirección. Bajo del colectivo que lo había acercado allí nomas a solo un par de cuadras que luego hizo caminando. Llego hasta el frente de la casa miro hasta arriba de la puerta de madera que había, como suelen hacer los desconocidos antes de entrar a un lugar que no conocen. Miro un timbre, lo pulso dos veces como para llamar la atención de que algún foráneo afuera aguardaba. Un señor bajo, gordo, calvo, bien vestido lo atendió, asintió que era el lugar correcto que el buscaba, que el doctor lo atendería luego de que esperase por unos momentos sentado en uno de esos sillones que siempre sirven para la espera. Una y mas revistas de la que estaban en una mesa ratona, para entretener, le sirvieron para distraerse por un momento no muy largo en que se hizo presente un señor flaco, alto, canoso, con lentes, que cargaba en su cara una sonrisa acogedora que estiro la mano para saludarlo y aseguro ser el mismísimo psicólogo que su amigo el cura del campo le recomendó. 

      Paso a un despacho, tomo asiento algo incomodo, esperando a que el doctor empezara a interrogarlo, después de todo no había por que preocuparse para eso se había llegado hasta allí. No sabia bien como comenzar, le daba vergüenza, pero el menester lo obligo. Trastabillo en las primera palabras , pero luego se dio empuje y arranco con la historia, y hasta el final no paro. El rostro del doctor inmutable durante la escucha, empezó a gesticular, buscando respuestas, dejando de lado las académicas, su edad lo obligo a buscar entre las memorias de sus experiencias algún caso similar, parecido, solo para cotejarlo, para buscar una referencia en donde afirmarse con alguna hipótesis. 

   ---Lo mejor en estos caso es que venga con la persona enferma. Dijo el, mirando por lo bajo, preocupado.

   ---Es difícil que ella se venga conmigo, si le digo la verdad, no va a querer venir. Dijo Juan.

   ---Lo debería hacer como sea, debemos practicarle algunos estudios para ver como anda su salud mental y la parte física también.

   ---Claro, claro, respondió Juan apremiado, pensando en lo difícil que seria que ella fuera al consultorio del medico.

   Al ver que Juan con toda sinceridad demostraba estar en serios aprietos, el medico le dijo: 

    ---De todas formas si tengo que hacerme una escapada hasta adonde viven, no va a haber problemas, siendo usted un recomendado de mi primo el cura, siempre hay un agujero de tiempo para los conocidos.

    Al llegar el sábado, el y ella fueron nuevamente al cementerio, a cambiar las aguas de los floreros. El a ayudar con la limpieza y ella a sentarse a conversar con su madre ya fallecida.


                                              Fin de la parte 9



Estimado Lector, muchas gracias y sera hasta la próxima entrada. 

lunes, 8 de febrero de 2016

CUENTO: MI MADRE ALCOHOLICA. PARTE 8

 MI MADRE ALCOHÓLICA
                
                    ( PARTE 8)

     ver parte 7

                                                                      De: Jorge Godoy



        Días enteros habían pasado juntos, viviendo, conviviendo. Juan se encontraba en la penosa situación de tener que seguir fingiendo por las noches, mientras María insistía y daba muestras probatorias de que hablaba con su madre y que esta le aconsejaba día a día, como vivir. 

     Y en una noche de esas en las que ocurría siempre lo mismo, el atento de Juan que permanecía como siempre sentado a su lado, escucho decir con dolor a María: 
     ---Mama me dice otra vez que soy una inútil, que nunca serví para nada, que como buena hija a esta altura de la vida yo debí superarla, y que no me merezco que un buen hombre como usted me ayude, que permanezca a mi lado.

     A Juan se le hizo un nudo en la garganta, se atoro con su propia saliva, dio muestras de ahogo, de que le faltaba el aire y a las tientas, logro salir de la pieza y llegarse al patio del fondo de la casa, a tomar aire. Ella, por detrás lo acompaño, se preocupo realmente por Juan que se sentía mal. Pero Juan simulaba, necesitaba ganar un poco de tiempo, el tiempo necesario para darle alguna respuesta. A Juan se le tornaba difícil, muy difícil, cambiar a esta altura la mente de María, ya no aceptaba este tipo de vida para ella bajo ningún punto de vista, ya se había cansado, hartado, de escuchar todas las noches lo mismo, asintiendo, hasta consentir como si fuera todo eso una verdad. 

     Hoy, era un buen momento para decir basta, su paciencia se agotaba y los días volaban y el no había conseguido absolutamente nada, y en cuanto a poder ayudarla, las cosas le iban peor. 
     Ella hacia una vida como si fuera que su madre nunca hubiera muerto, y eso que la realidad estableció para todos que estaba ausente de este mundo hacia algún tiempo, pero, menos para ella. Y en ese punto era adonde el se sentía mucho mas molesto, por la pena y el dolor de tener que reconocer que María ya estaba muy enferma, sus alucinaciones, mezcladas con tanta cantidad ingerida a diario de alcohol, sus divagaciones, esos traspiés en su mente, los ritos inaceptables que una persona normal rechaza, y el sin saber aun, todavía, bien porque, los aceptaba. 



      Y llego el tiempo en que Juan debía regresar a su trabajo, sin falta tenia que estar en la escuelita rural, ya habían sido bastante considerable con el, así que Dios mediante, no le quedaba mas remedio que cumplir con el destino.
      Con todo el dolor en el alma, el se volvió al campo, le había dejado toda clase de recomendaciones antes de partir, que no bebiera tanto, que tratara de manejarse por ella misma sin pedirle, sin hablarle a su madre. Otra vez y por centésima vez volvió a insistir en aquello de que su madre había fallecido, aunque el sabia que ella en ese aspecto era blanda y vivía atemorizada y dependiente de lo que le decía su madre, desde el mas allá, en esa forma de fantasma apareciendole todas las noches, sobretodo, después de ingerir bastante alcohol, o cuando por los sábados que iba al cementerio a permanecer casi todo el día entero frente a su tumba para recibir ordenes y consejos de su madre muerta para vivir.

      Allá en el campo Juan retomo sus trabajos, pero ni un minuto olvidaba a María. Con todo lo que había sabido de ella y con sus propias experiencias, se convenció de que María estaba muy enferma, o al borde de la locura o lo que le era mas difícil de creer, que tal vez, estaba poseída. No dudo en ir a ver al cura de la iglesia para contarle su historia. El cura se mostró muy sorprendido ante tales narraciones, sobretodo quedo muy preocupado cuando Juan le menciono que la madre de María se presentaba en forma de fantasma.
    ---Es una característica demoniaca, dijo el cura a Juan y agrego que lo normal es que estos fantasmas, sean seres imaginados por la misma persona, que se sientan a charlar con ellos o los acompañan en sus caminatas, casi siempre dándoles consejos, pero pocas veces escuche que se elevan del piso. 
    ---En la mayoría de estos casos las personas no se sobreponen de la perdida del ser querido y viven atemorizados por la falta de protección que esta le proporcionaba antes de fallecer, pero al morir, se sienten inseguras, mas en este caso que me dices que la madre era una alcohólica perdida y que lo único que quería era que a su hija todo le vaya mal y que termine como ella. Agrego el cura.
     ---Yo pienso lo mismo, solo que agregaría que su madre, agrego su cuota de maldad sobre la hija, para hacerle pagar a alguien sus penas. Dijo, angustiado Juan.
     ---Te aconsejo que antes de verificar todas estas suposiciones, primero la hagas ver por un buen psicólogo, seria lo mas aconsejable. Dijo el cura. 
     ---Después si la cosa no esta en manos de los médicos, veremos que se puede hacer. Un primo mio medico trabaja en un hospital de la ciudad, te dar la dirección y el teléfono para que cuando vayas nuevamente consultes con el. Agrego el cura.


     Al poco tiempo, hizo un hueco en su tiempo Juan y se vino, otra vez a la ciudad a ayudar a María.



                                       Fin de la parte 8



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martes, 29 de diciembre de 2015

CUENTO:MI MADRE ALCOHOLICA.PARTE 7

 CUENTO:MI MADRE ALCOHÓLICA

                     (PARTE 7)

  ver parte 6                               De: Jorge Godoy
  
     Reconocer que la gente tiene su propio destino y que hay que dejar que este se cumpla, suena como a sumirse en una derrota. Querer cambiar las cosas suena mas atrevido y hasta mas interesante. Según se tenga cierta filosofía para comprender, sera esa seguramente la condición para sentirse culpable o inocente.
     No por mucho estudiar, muchos aprenden mas, sobretodo de la vida. La vida es un constante caminar, en donde el ajetreo hace cambiar a cada movimiento, de opinión, de parecer y hasta de conducta. Maria, sabia de esto mucho mas que Juan, Juan era mas académico, mas sentimental, se solidarizaba de inmediato por la solución de causas injustas, sobretodo con las de aquellos que siempre lo impresionaron, los pobres. De ellos el había aprendido que nacer sin regalos de parte de Dios, significaba morir de angustia, sobretodo, esperando por un mañana mejor. Aprendió también que ciertas contradicciones naturales, como nacer en lugares inhóspitos, hacían también que los hombres no pudieran desarrollarse en su máxima expresión. Y,  que todo ser humano se desarrolla mucho mas si alguien lo ayuda antes de nacer, o al menos vive mejor aquel que durante la infancia tiene la suerte de contar con el apoyo de un buen padrino. El había dedicado parte de su vida a ser ese tipo de persona, un buen padrino, de los que ayudan sobretodo económicamente a que los chicos no coman tan espaciado, a que el hambre del hogar no se sintiera tanto cuando estos estaban fuera del, y que el techo y la cama caliente, les faltara menos en sus vidas. En su escuela de campo enseñaba a tener algo por que vivir, a sobrevivir si fuera necesario con la esperanza de que mas allá del inmenso horizonte algún día pudieran encontrar un buen destino. Una vocación, un buen trabajo, algo que contribuyera a dejar para los recuerdos, la indiferencia de un mundo que siempre miraba con buenos ojos solamente a los mas dotados.
      Pero, Juan no sabia nada de personas adultas, ya formadas, las que habían pasado por tantas injusticias y tenían incorporadas adentro de sus almas como una cultura,  los odios, los rencores, que se transformarían  en maldades o debilidades según el caso, obedeciendo a reglas prefijadas de acuerdo a sus vivencias y a las que se sentían sujetos, inmovilizados y a las cuales de hacia mucho tiempo ya, se habían rendido por falta de fuerzas, y de voluntad.
      Juan, había pasado tres largos meses junto a Maria, aprendió a convivir junto a una persona que indefectiblemente todas las noches antes de ir a dormir en su camita, encendía una velita en un altar precario hecho sobre una mesita modesta adonde no faltaba la foto pequeña de su madre fallecida. Juan la la escuchaba hablar en voz baja, pero audible, desde la otra habitación, en donde dormía tendido sobre un sofá largo. No pudo evitar levantarse a mirarla mas de una noche, y la compasión se apoderaba de el, pero no le daba fuerzas suficientes para que al otro día por la mañana pudiera interrogarla. Así pasaron varias mañanas hasta que un día convencido de que era totalmente necesario, logro sacarle conversación sobre el tema y ella le afirmo que no hablaba sola, que su madre estaba allí presente, que la escuchaba y que le contestaba a todas sus preguntas, que su madre no tenia una forma física sino que ella se presentaba delante de sus ojos en una forma fantasmal, vestida con un vestido blanco, largo, que llegaba hasta el piso.  
      ---Nunca le pude ver los pies a mi madre, veía su rostro, su cuello, su escote, sus brazos, sus manos, pero los pies nunca, durante todas las noches de mi vida se los pude ver.
        

                                                Fin de la parte 7



Estimado Lector, muchas gracias y sera hasta la proxima entrada.
     
      
      
                                        

lunes, 7 de diciembre de 2015

TENTACION: (reflexion)

  TENTACIÓN 


 (REFLEXIÓN)



                                              Por Jorge Godoy



      Aquel ser humano, que pueda decir que puede vencer a la tentación, solo lo dirá y lo hará circunstancialmente      
                        

      Y mas tarde o mas temprano como las olas del mar se irán pero ellas volverán nuevamente.  

            
      Porque es natural que todo lo que se va, vuelva, y el ser humano que es un ser natural, nunca jamas podrá escapar a esa imposición divina y eterna que lo obliga a cumplir con la ley.                         


                                                          fin.





Estimado Lector, gracias y hasta la proxima entrada.



      

     

viernes, 20 de noviembre de 2015

CUENTO:MI MADRE ALCOHÓLICA. PARTE 6

 CUENTO: MI MADRE ALCOHÓLICA.                            PARTE 6

                                             De: Jorge Godoy

       ver la parte 5


      Maria no comprendió que Juan estaba para ayudarla, mas bien, pensaba que Juan la abandonaría al cabo de un corto tiempo,  tan pronto como descubriera que dentro de el, había una persona decente y trabajadora. Las personas con esa condición, no pueden compartir demasiado tiempo al lado de otras personas que viven en total estado de dejadez. 
     Por los pensamientos de Maria empezaron a correr sentimientos de verdadera lastima hacia Juan, nunca pudo concebir que un hombre de tanta capacidad intelectual, un hombre que se movía a diario entre gente de esferas sociales económicamente acomodadas, un ser solidario por naturaleza capacitado para llevar adelante nada menos que una escuela rural, adonde por lo general concurren chicos con profundos problemas de aprendizaje, y que muchos de ellos son la consecuencia de las miserias de una vida difícil que desgraciadamente sufren los que son muy pobres, por lo general viven aislados en partes alejadas de los campos; en donde casi siempre se delega la contención emocional, a los maestros.

     Maria lucia aspecto afeado y desagradable, rodeada y perseguida durante las noches por olores característicos que saben emanar de la piel en aquellos que son alcohólicos. Los deterioros físicos se habían establecido con fuerza durante el transcurso de su andar cotidiano; signos particulares que suelen frecuentar a las personas que padecen esta horrible enfermedad. 
     Se preguntaba como podía un caballero como Juan, entonces, poner un ojo sobre ella. ¿Que podía realmente interesarle de aquel aspecto exterior? Y se desgranaba la cabeza por la incertidumbre interna que le preguntaba a cada momento: ¿Existirá la belleza interior? Era la única razón por la cual imaginaba que Juan se había acercado a ella. No conocía señal de alguna otra cosa por la cual el era empujado a ayudarla tanto. 

     Maria no fue tan experimentada en su vida social. Solo había vivido con su madre, trabajando de sirvienta en dos o tres lugares de la ciudad, nada especial. Amigos, apenas solo tuvo algunos pasajeros en su juventud. Tuvo mas amigos últimamente, con eso de andar cirujeando por las noches para conseguir algo para comer, que en toda su vida. 
     De caminos monótonos, simples, acompañada siempre de su madre, compartiendo las ideas de ella, las preocupaciones, los gustos, hasta los puntos de vista; los que asimilo para ella como si fuera un legado, una herencia moral, que no debía dejar de cumplir, a pesar de los años que habían pasado desde que ella se murió. Maria no se permitía dejar de respetarla y hacia casi todo lo que ella desde el mas allá, le aconsejaba, en largas conversaciones nocturnas, alcohol de por medio, que tenían en una de las habitaciones de su casa, o también  cuando acudía desolada en su auxilio, para escuchar consejos, mientras cambiaba el agua de los floreros, en donde sin falta un rato después colocaba como siempre, flores nuevas.

      Juan, de a poco, comenzó a ayudarla con ese ritual, se ocupo personalmente de cambiar aguas y flores, asistiendola. El, debía experimentar tal situación, debía saber porque ella seguía aferrada a su madre. Paso a ser de un simple observador, a compañero de ella. A escuchar como Maria hablaba, preguntaba y luego esperaba las respuestas, para volver a preguntar una vez mas, y así continuaba toda la tarde, permaneciendo sentados los dos en el banco de cemento, frente a la tumba.  

       De esta manera Juan logro entrar un poco mas en su vida, compartiendo. Ahora le tocaba algo mas difícil, compartir el trabajo de la calle.
       Salieron pasada la tardecita, empujando el carrito de supermercado que le habían regalado. Los dos iban  empujándolo, cada uno con una mano, cooperando, como lo saben hacer las buenas familias, que cuando el hambre apremia se unen mucho mas para combatirlo. 
       Tomaron un recorrido que ella consideraba habitual, uno fructífero. En la primera hora de experiencia, Juan, noto que ella iba al trabajo con alegría, entusiasmada. Se pregunto una y otra vez, si ese tipo de trabajo le podía gustar a alguna persona.
        
       Cuando llegaron al primer objetivo, un supermercado chino que había dejado una montaña de cajas vacías para que alguien las llevara, en la vereda, todavía no había caído la tarde y en el camino, eso le llamo la atención, no encontraron a otros competidores. Con admirable maestría y con las manos, ella le enseñaba a Juan a desarmar las cajas, a aplastarlas con el pie para que ocuparan menos espacio dentro del carrito. Apenas unos minutos después iban camino al siguiente objetivo, a unas tres cuadras de la esquina, doblando a la derecha. Allí los esperaba una zapateria, que para esa hora, todos los días descartaba una cantidad de cajas considerable. La recolección duro apenas unas cuatro horas, ya con el carrito atestado de cartones, solo entonces, Maria se sintió satisfecha y,  le dio indicaciones a Juan de que ya debían volver. Mañana por la mañana irían a vender todo lo que hoy habían recolectado.


        A su casa llegaron a eso de las once de la noche, no sin antes, pasar por el kiosco y comprar cuatro botellas de vino que Maria pidió a cuenta de lo que le pagarían mañana por la venta del cartón, el kiosquero, que la conocía, sabia muy bien que ella le pagaría. En la esquina, en una improvisada parrilla callejera y ambulante, compraron dos choripanes a muy bajo precio. Con todo eso marcharon a casa. A Juan, en principio, le resulto una situación bastante incomoda, a esa hora, en su vida normal, el ya estaba durmiendo. Pero, debía seguir simulando para ingresar en el mundo de ella, solo para ayudarla. 
      Cualquiera diría que El se equivocaba, que ese no era un buen camino para ayudar a una enferma. Pero cada cristiano tiene sus pensamientos y el de Juan era tal, que se juraba a si mismo, con mucha fe que triunfaría. Seres sanos y mentados, considerarían a esta altura que Juan procedía como un demente. 
     El que alguna vez amo, sabe que el amor tiene cosas inexplicables, y algunos actúan de tal manera que todos los demás siempre lo ven a uno como a un tipo raro. 
     
     Solo había dos caminos, ganar o perder. El eligió el de ganar, lo malo era que todavía no podía hablar con mucha seguridad de resultados, pero si hubiera consultado con cualquier medico, todos le hubieran dicho lo mismo: Que nadie puede ayudar a una persona alcohólica, dándole mas alcohol. Quizás Juan estaba mas loco que ella, y si en vez de que fuera alcohólica Maria fuera una persona golpeada, quizás también el se dejaría pegar, solo para sentir que sensación dejan los golpes en las personas.

       La noche paso entre las cuatro botellas de vino, los dos chori panes y, conversaciones referentes al trabajo y algunas otras cosas sin demasiada importancia. La estrategia consistía en seguir aprendiendo del mal, adentrarse en el para combatirlo lo mejor posible. Cualquier ser humano ya hubiera empezado a sentir un poco de miedo, miedo de que el mal lo superara y luego lo absorbiera para siempre y no le dejara lugar para que escapara. Cosa común en el mal, pero es lo que durante miles de años le dio los mejores resultados. 
       Pero, Juan era consciente, tenia mucho amor por Maria y demasiado amor por si mismo, y contaba con que si alguna vez se pudiera ver doblegado, rogaba a Dios, que no se dejara vencer tan fácilmente.


                                             Fin de la parte  6
      
     



Estimado Lector, muchas gracias y hasta la próxima entrada.